Saturday, September 29, 2007

Su influencia en mi vida y el amor.


(Parte II de Ellos y yo)
“(…) Todos los temores olvidados
están ahí otra vez. (…)”

Se piensa que al llegar a cierta edad se será una persona grande, dura, invencible. Al menos así pensaba, cuando era niña, decía que algún día sería grande y nada me iba a vencer, nada irrumpiría en mí ni heriría mi fragilidad (que ya no sería tal porque sería “dura”). Que bueno soñar que mis temores y miedos iban a desaparecer un día…o tal vez yo misma acabaría con su existencia, tal vez los enfrentaría y los fulminaría con mi grandeza.

Error. Si, la calculadora de mi mente dio error. ¿Por qué? Muy simple. Estos temores son los verdaderos invencibles. ¿Cómo? ¿No eras tú la invencible, la que sería dura y a la que nada afectaría? No, no y no. Se me olvidaba decirte , que tenías razón. A los temores nadie los fulmina, nadie acaba con ellos; ellos, tan intangibles e inaprensibles, ellos no tienen final, ni siquiera tienen forma. Sólo tienen su raíz en nosotros, su semilla. Están hechos de la “nada” y siendo la “nada”, son en nosotros. La “nada” es su incorporeidad. Son pero no son. Están pero no están. Se sienten pero no se ven. Tienen su raíz en nuestro corazón, nuestro corazón que es el nido de sus emociones. Cuando ellos logran que alguna de sus sensaciones sacuda a nuestro nido, se aprovechan y corren, se extienden cual un gas hasta tomar todo el espacio que puedan, todo lo que puedan. ¿Sabes a dónde desean ir? Su centro, su morada más anhelada es la mente. Desde allí lograrían un control total. Imagina . ¿Sabes qué es la mente? La mente lo es todo. Es poder. El poder de la mente todo lo puede. Así podrían reinar sobre nosotros. Y así sucede.

Uno llega a cierta edad creyendo ser inconmovible ya que uno ya “venció” a sus temores. Los enfrentó y los fulminó. Están muertos. Un día, estás aterrada en una esquina con tu trago, alcohólica y evasiva intentando escapar…te quieres ir, no quieres seguir con ellos, no aceptas tu derrota. Prefieres dejarte morir que resignarte a vivir loca, paranoica por culpa de ellos. Rechazas el tener que vivir con ellos. Los echas. Se acabó, se dice fácil , pero introduce hacia el peor de ellos, el insondable misterio del inframundo.

¿De veras quieres conocerme? Gracias te dice seductoramente, ven y verás lo bien que estaremos aquí, lo bien que te caerá ser una sombra, vamos, aquí sí nos sabemos divertir. Sombras. Las sombras que tiñen de terror mis noches impidiéndome dormir, a veces también mis días. Sombras, ¿acaso quiero ser una de ellas? ¿Será que con mi sufrimiento estoy preparándome para ser una de ellas? Están iniciándome creo. Dime tú ¿Qué crees? , ¿Qué eres? Eres una sombra. Todo es una excusa para llegar hasta allá. Ya lo creo. Nos crearon para ser sombras. Para hundirnos tanto en ellos que al morir seamos de su propiedad y estemos a su servicio. Luego seremos reyes, mandaremos sobre alguien y cuando se crea libre de nosotros lo desalentaremos haciendo un sombrío regreso a su nido, a su pequeño corazón engañado por ínfulas de “grandiosidad humana”. Esos humanos, siempre se creen superiores e invencibles. Pero si nosotros los tomamos se desmoronan rápidamente, comienzan a temblar por causa nuestra, mueren por obra nuestra, se dan cuenta de nuestra ineludible existencia.

¿Será cierto que todo eso es el objetivo de ellos? Nuestro objetivo también. No puede ser, no debe ser. Más bien creo que me están enseñando algo, ellos me guían hacia un camino cuya meta, por más que avanzo, no logro vislumbrar. Me enseñan que soy endeble y maleable, tal vez reciclable, prescindible e inservible. Que no soy lo que creo ser. Me pegan adentro, muy dentro y me dicen: “olvídalo, no eres dura, olvídalo, siempre estaremos, somos tus compañeros, no nos vencerás; aprende a vivir con nosotros.”

Aprender a vivir con ellos. Suelto mi infaltable trago (hasta ese entonces necesario y obligatorio) y decido que no deseo explorar el mundo de las sombras. No me quiero ir, no quiero ni debo ser otra de ellos. Ellos son míos, y a través de ellos aprendo a ver mejor, a vivir mejor. Son una parte de mí, la parte que nos recuerda que el hombre no es Dios, que el error (que tal vez sea el verdadero pecado original) viene inmerso en todo nuestro ser y que somos defectuosos por naturaleza.

Ahora te contaré, por qué los saco a relucir(a mis temores). Es por el amor. ¿Y qué hay de ellos en torno al fatídico y tortuoso amor? Nos dices, al recordar un amor lo siguiente: “(…) No quiero olvidar nunca cómo era cuando me mirabas. Cómo sostenías tu mirar como algo no atado, sosteniéndolo con el rostro echado hacia atrás. (…)”. También hablas sobre el amor correspondido en tu versión de la parábola del hijo pródigo (que para tí se fue porque no soportaba ser amado): “(…), el horror más grande era haber sido correspondido. ¿Qué eran todas las tinieblas desde entonces, en comparación con la tristeza espesa de aquellos abrazos en que todo se perdía? ¿No despertaba uno con la sensación de no tener futuro? ¿No daba uno vueltas por ahí, sin sentido y sin tener derecho a ningún peligro? ¿No había tenido uno que prometer cien veces no morir? Quizás era la terquedad de este mal recuerdo que, entre retorno y retorno, quería conservar un lugar, lo que hacía que su vida siguiera entre los desechos. Finalmente lo volvieron a encontrar. Y sólo entonces, sólo en los años de pastoreo, se calmó su mucho pasado. (…)”

Te hablaré de lo que yo viví con ellos y el amor. Por obra del amor, de la increíble maravilla de ser correspondida fue que ellos aprovecharon y volvieron. Me hicieron descubrir que en su invisibilidad radica su inmortalidad. Que por ser incorpóreos se esconden, nunca se fueron de mí realmente, a pesar de que yo lo jurase. Me enamoré y caí en una trampa. Creyendo ser correspondida me entregué a ese ser, no fue una entrega lujuriosa ni carnal fue más bien una entrega espiritual. Le dí todo lo que fui y lo que era, hasta pensaba entregarle todo lo llegaría a ser un día. Él me miraba y mi mundo era él. Lo era todo. Tanto me entregué que cuando él se desaparecía, lo pensaba hasta que regresaba. Y sufrí . Estaba viviendo mi ilusión, el mundo se detenía a su lado. Nada ni nadie podría separarme de él. Mi chico tan bello, muy bello, inteligente, interesante, culto. Era verdadero, sí, ¡existía! Y era mío, aunque desapareciera unos días era mío. Y ahí estaban ellos, ansiosos, opacando mis breves instantes de felicidad, los momentos de tortuoso sufrimiento que yo llamé amor.

Y cuando él me miraba, ellos se alborotaban en mí. Empezaban a desaparecer la felicidad, a alejarme de él. Él, el niño tan lindo, inolvidable, que vino a darse cuenta de mí (sabe Dios por obra de qué o quién) y le hizo compañía a mi solitaria existencia (para bien o para mal, no lo sé). Nunca olvidaré esos ojos que me miraban decantando un gran amor y fascinación como jamás pensé recibiría de hombre alguno, y menos aún del chico lindo. Jamás, me entiendes , porque tú tampoco olvidaste los de tu amor.

Y ellos se interpusieron. Es cierto el hijo pródigo tenía razón, ser correspondido es lo peor que puede ocurrirle a uno en la vida. Esos abrazos que nos dimos, tan feliz que era yo, chico, en los abrazos que nos dábamos, mi mente se ponía en blanco…Sólo imaginaba que te amaba. Pero la realidad llegó, se puso frente a mí, ya no era lo mismo, nada sería lo mismo. Cuando te ibas y volvías todo cambiaba, ahora tus abrazos eran lo más temido porque llenaban mi mente de dudas, muchas dudas. ¿Será que nunca aprendí a corresponderte como tú lo merecías, como tú lo esperabas? ¿Será que tú estabas aterrorizado y no querías entregarte a mi fervoroso amor? Ellos sembraban esas dudas en mi pobre nido, el cuál se iba pudriendo por todo el dolor que sentía, el que anhelaba que todo fuera una pesadilla de la que despertaría y todo sería como antes. Y cada vez mis dudas crecían más y más, y mi corazón se encogía más y más por el dolor causado; ellos alentaban mi pesar y estaban extasiados por causa de mi desdicha.

Y yo creí que mi fin estaba muy cerca. No puedo contra ellos, pensé. Me hundí en mi adicción y estaba tan triste que ya no podía pensar en nada, ni siquiera en ti, chico. Adiós vida para qué te quiero si él no esta aquí y si ni siquiera contra ellos pude. Él, mi chico, él era mi razón y ya no está. Me dejó. No quiero ser más. Pero aún así mis días se seguían escurriendo lentamente, gota a gota, así cómo se iban escurriendo mi corazón se iba recuperando, eventualmente volvería a latir por otro “dulce” amor. Pero eso no era posible porque mi pequeño corazón, mi nidito, no podía latir, porque de vez en cuando ellos le hacían recordar la vivencia que tuvo con el chico. Lo convencieron de que no volviera a latir por nadie, que no valía la pena, que amar era malo porque nunca se recibe lo que se quiere. Siempre algo sale mal en el amor. Supe que me engañaban, así como supe también que no debía ni quería irme. Descubrí que ellos son parte de mi, así como tú lo descubriste. Y aprendí poco a poco, lágrima a lágrima, a quitarme mi tristeza y a aprender a ver. Aprender a ver por medio de lo triste, de lo oscuro, del dolor; a hacer alma con lo más bajo, aprender a vivir con ellos y saber que lo oscuro no es otra cosa que vivencias para mi alma y mi corazón. Vivencias que me harán una mujer fuerte y me enseñarán a no dejarme vencer por ellos y las adversidades. Aprender que no sólo yo soy prescindible, sino que también “chico” es prescindible.
Imagen: Johnny Depp.(Sí, mi chico era para mi mejor que Johnny)

Ellos y yo.



; el temor a que pudiera delatarme y decir
todo lo que me produce temor y el temor a no

poder decir nada, porque todo es inexpresable
y los otros temores…los temores.
(Los cuadernos de Malte Laurids Brigge.Rilke.)


…Tanto tú como yo nos enfrentamos a la difícil labor de vencer nuestros temores. Somos sensibles por naturaleza o por un golpe de la vida, y por tanto nos conmovemos ante los más simples actos, lugares e ideas que, para algunos, están muy lejos de ser importantes. Importantes para gente común, porque nosotros, hace tiempo estamos en búsqueda de otras vivencias. Y resulta que esas vivencias y lo que sentimos lo queremos expresar, queremos dar cuenta de nuestro logro, lo que aprendimos a ver.

A veces creo que soy sumamente sensible, endeble, maleable…Soy como un papel al que cualquier persona puede arrancar, romper, quemar, botar. La vida me ha presentado situaciones en las que no he sabido como actuar y no me he podido controlar. Me aplasta. Me mata. Si, la vida mata. Nos muestra hechos que parecieran ser insólitos transformados en una realidad frente a nuestros ojos. La vida nos hipnotiza, nos hechiza, nos pervierte, recurre a algún sortilegio de la magia para dejarnos estupefactos ante su poder; se nos descubre y nos deja a solas con el temor. Temor a vivir, temor a respirar, temor a salir, temor a andar y un gran temor a ver. Siento que estoy encerrada, las paredes se vienen sobre mí, todo se acaba para mí y nadie, nadie me ayudará. Creo que me van a aplastar, todo se acaba . No quiero ser, no quiero existir, no quiero sentir, no quiero ver. Tengo miedo por lo que puede pasar, ¿Qué pasa si un día enloquezco y nadie vuelve a intentar ayudarme? Sí, puedo decir sin miedo que a veces esta vida se me ha hecho invivible, que he querido irme, sin saber a donde llegaré, quién y qué me esperará…si es que lo que espera al final en verdad existe.

Pudo entonces el temor a la incertidumbre vencer a lo que espera al final, el temor a lo oscuro, el temor a lo negro, el temor a lo doloroso, el temor a lo horrible. Todos los temores vencieron al intento de cesar el sufrimiento. ¿Y sabes qué? Aprendí a vivir. Decidí salir del temor, salir de mi interior, salir de mi casa y enfrentarme al dolor, enfrentarme a la vida que se burló de mí…Y no sólo eso , acepté mi vida, así como es. Acepté el tener que ver, acepté el tener que sentir, acepté el tener que existir. Acepté que mis temores viven muy dentro de mí. Acepté que se reproduzcan en mi mente, acepté sentir como se aparean, cual bestias salvajes e indómitas, y aprendí a vivir con sus frutos y con los que vendrán en este ciclo sin fin.

No estamos a salvo . Ellos viven en nosotros, están incrustados en nuestra mente, están camino a nuestro pecho, quieren tomar nuestro corazón, desean poseerlo. ¿Sabes que buscan allí? Buscan paralizarnos, nos quieren llevar , nos quieren llevar a lo oscuro.

No, yo no enloquecí. Te acabo de contar. Ellos casi me llevan. No son inventos míos, me acercaron la navaja y extendieron mi brazo izquierdo, para permitir el acto oscuro y vil. Me querían acabar , para así poder ser libres, tener la libertad de atacar a todo el que hubiera estado cerca de mí y lograr, al tiempo, lo mismo que querían lograr en mí.

Y lloré . Mi alma decidió enfrentarse a ellos, se enfrentó a ellos. Corrió por todo mi cuerpo, salvó a mi corazón, intentó e intentó ablandarlo hasta que lo logró, y lo liberó de las alambres de púa que ellos le pusieron para que no escapara, mi corazón estaba herido y lastimado, casi se rompía en dos. Y ella, tan valiente y perseverante, continuó subiendo hasta el secreto hogar de mi mente, donde ellos se ocultaban, desde donde me atacaban y me invitaban a viajar al Hades, a convertirme en una sombra más. Ahí se enfrento, y luchó con su maravilloso poder de luz divina para acabar con ellos y la amenaza que significaban para ambas. Los ató con sus hilos luminosos y proclamó su reino. Desde ese día ella los tiene a su favor y está cuidando mi mente. Ya no me dejo tentar por una vida sin necesidades. Ya no quiero ser una sombra más. Ahora ellos están a mis servicios, ellos están a mis pies y ya nunca los dejaré atormentarme.

Sé que somos capaces de superarlos cada día. Estoy segura que juntos lo lograremos. Nos llenamos tanto cubriendo nuestras necesidades, consiguiendo todo lo que necesitamos, y ante todo satisfaciendo una necesidad exclusivamente humana: nuestra necesidad expresiva. Si esto que te estoy diciendo no es más que eso, no es más que abrirse y dejar fluir, estar con otros, regarse como la lluvia a la montaña. Y no fue fácil , ya te hice un pequeño recuento de todo por lo que tuve que pasar para llegar aquí, poco a poco, paso a paso, pisando piedras ardientes hasta aquí.

Esa necesidad humana tan básica es el poder comunicarnos. No somos capaces de mantener en silencio lo que sabemos, vivimos, sentimos, deseamos normalmente queremos hacer partícipes a otros, es muy difícil quedarnos callados. Yo creo que esa necesidad expresiva es el fundamento de la vida. Es como cuando un par de viejitos han compartido toda su vida juntos, uno muere y el otro desea morir o muere también. ¿Por qué muere? Porque le hace falta ese ser con el que compartió tantos años de vida, con el que compartió sus hijos, sus felicidades, sus tristezas, los buenos momentos, las malas experiencias, entre otras tantas cosas que pueden pasar en la vida. Extraña a esa persona que le daba sentido a su vida y con la que podía ser totalmente libre.

Al parecer a ti te gusta tu soledad. Pero aun así estés solo , tu suples tu soledad con tus escritos, con tus pensamientos, con tu “aprendiendo a ver”. Yo lo sé, yo sé que piensas y te expresas contigo mismo. Es que para expresarse no hay que estar acompañado. Yo también me expreso conmigo misma, aun cuando esté con otros.

Pero aún así, esa necesidad expresiva atraviesa un gran reto. El reto es vencerlos a ellos. Ellos vienen a coartar la cualidad expresiva que reside en cada ser humano a través de la inseguridad, miedo, timidez, entre otros. Por eso debemos ser decididos en nuestro quehacer, no dejarnos enredar por ellos, no dejarnos vencer. Yo lo logré. Yo escribí esto que lees.

Yo sentía temor ante esta hoja en blanco. Temor a no ser suficiente, temor a no poder expresarme, temor a la crítica, temor a exponerme ante desconocidos. Pero yo me enfrente a ellos y los vencí. Soy una persona que llena su necesidad, la satisface con estas líneas, una persona que se desahoga, una persona que se deja fluir. No debo temer nada. Si mi escrito no cubre las expectativas de nadie, si parece falso, si dicen que no tengo experiencia, la que tú dices que se debe tener para escribir algo bueno “Para escribir un sólo verso, hay que haber conocido muchas ciudades, hombres y cosas; hay que conocer a los animales, hay que sentir como vuelan las aves y conocer el gesto con que las flores se abren por la mañana. Se debe poder pensar hacia atrás, en senderos de lugares desconocidos, en encuentros inesperados y en despedidas largamente presentidas (…)” .

Ciertamente mi vida no ha sido muy larga, pero lo poco que he recorrido algo debe valer , nadie está por estar. Tu estás porque tú tienes algo que hacer y lo debes descubrir, o mejor dicho ya lo descubriste: aprendiste a ver.

Yo todavía estoy intentando descubrir porque estoy aquí. De lo que estoy segura es que no estoy aquí para ser una persona común, de esas personas que sólo piensan en cosas mercantiles y olvidan las cosas del alma. Creo que la estancia en este mundo es algo que va más allá de lo tangible. Dije que alguna vez quise conocer lo que espera al final. Mis temores me habían vencido. Ellos se posesionaron de mi cuerpo, me tomaron por completo y encaminaron mi rumbo. Yo tuve a mi salvadora, a mi alma que ilumino justo a tiempo toda la oscuridad que ellos acercaron a mí.

Ya vivo , aprendí a estar con ellos. Ya siento y respiro, amo y quiero, deseo y obtengo, doy y recibo. Sólo quien está cerca de la muerte sabe valorar algunas cosas. No habré tenido vivencias de muerte de otros cercanos, pero tengo la mía propia. Y con eso me basta . No soy extraterrestre por esa experiencia, pero gracias a ella he aprendido a amar. Ellos habían matado mi corazón y hoy en día está más vivo que nunca.

Este corazón aprendió a no dejarse llevar por ellos y a defenderse. Descubrí que vine para aprender a amar. Porque hasta a ellos, los amo. Porque sin ellos yo no viviría, sin ellos yo no me expresaría, sin ellos esto que escribí para ti, no existiría.
Foto: Greta Garbo.