Un chivo que se quema en el infierno, que no llega a merecer el cielo. Será que morí y ahora mi infierno radica en quererte y no tenerte, hablarte y que no me oigas; que estoy en un mundo paralelo donde tú no eres tú sino que eres el tú que me castiga...
¿Será un consuelo el creerme muerta y transdimensionada?
Ni siquiera las lágrimas brotan de este cadáver, ¿Un síntoma de mi muerte?
¿Los muertos sólo perciben y no sienten? Por lo tanto, ¿no pueden manifestarse físicamente?
El pharmakós griego, chivo expiatorio, aquel que se ofrecía a los dioses para expiar los excesos humanos, ¿no soy yo? Yo que ofrecí mi alma en pena para el perdón de mi pecado y ahora sólo recibo la ira de mi Dios.
Te extraño, y creo que puedo decir con un mínimo nivel de dudas que quizá te amo. Te amo.
No te merezco.
Que tu furia me persiga Dios y que mi misión expiatoria no sea nunca recibida.
Que este mundo paralelo enloquezca a mi putrefacta alma y la atormente por toda la eternidad.
Porque mi destino es ése, el tormento eterno. Mi merecido no tendrá fin. Pero el destino gratifica a los que sufren injustamente y tu mundo paralelo, tu cielo, te espera.
Desde mi infierno seré feliz por tu cielo. Y te amaré. Aunque sea un capricho, irredenta: Perditio tua ex te. Ojalá en algún mundo paralelo sea feliz la vida de mi cuerpo viviente.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
2 comments:
por lo menos, aún nos quedan los finales felices
un brindis por los finales felices
Post a Comment